Terremoto de Venezuela: del trauma a la reconstrucción
Terremoto de Venezuela dejó valiosas lecciones para Chile, enfrentó a los equipos de emergencia a un escenario sanitario que cambió con el paso de los días: del trauma y los rescates a enfermedades crónicas descompensadas, infecciones y hospitales dañados. Dos urgenciólogos chilenos participaron en distintas etapas de la respuesta y reconstrucción. Su experiencia revela aprendizajes para Chile sobre coordinación, evacuación hospitalaria y preparación ante catástrofes.
Por Francisca Parada

El terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 ocurrido en Venezuela el pasado 24 de junio dejó miles de víctimas, personas damnificadas y una extensa red de infraestructura dañada. Un mes después de la tragedia, el balance superaba los 5.300 fallecidos, 16.740 heridos y 17.900 personas que habían perdido sus viviendas. Además, más de 22 mil pacientes habían sido atendidos por Equipos Médicos de Emergencia.
En este contexto, dos médicos urgenciólogos chilenos y miembros de la Sociedad Chilena de Medicina de Urgencia (SOCHIMU) participaron en distintos momentos de la emergencia. Sus experiencias permitieron observar de primera fuente cómo evolucionan las necesidades sanitarias tras una catástrofe y cuáles son los principales desafíos que enfrentan los sistemas de salud durante la respuesta y la recuperación.
Cuando la emergencia cambia de rostro
El primero en llegar fue el Dr. Ángel Sánchez, coordinador académico del Programa de Medicina de Urgencia de la Universidad Diego Portales e integrante de SOCHIMU. Ocho días después del terremoto arribó a Venezuela y se trasladó a Caraballeda, en la región de La Guaira, considerada una de las zonas más afectadas por el desastre.
Allí se desempeñó en un hospital de campaña que reunía equipos médicos de Alemania, Italia y Venezuela.
“En ese punto ya las patologías que vas a ver son patologías crónicas agudizadas”, explica.
Según relata, durante las primeras horas posteriores a un terremoto predominan los traumatismos, los síndromes de aplastamiento y otras lesiones asociadas al colapso de estructuras. Sin embargo, a medida que pasan los días, el escenario sanitario se transforma.
En los campamentos y refugios donde prestó atención médica, el equipo encontró pacientes hipertensos y diabéticos que habían perdido acceso a sus medicamentos, personas con cuadros respiratorios agravados por el polvo generado por los edificios y caminos dañados, además de enfermedades gastrointestinales asociadas a dificultades para acceder a agua potable y conservar alimentos.
Uno de los casos que más recuerda fue el de un paciente con parálisis cerebral infantil y una grave insuficiencia respiratoria. La situación requirió la coordinación simultánea de equipos provenientes de Alemania, Italia y Venezuela.
Ante la falta de algunos dispositivos e insumos, los distintos grupos compartieron recursos y conocimientos para estabilizar al paciente y gestionar posteriormente su traslado aéreo hacia un centro asistencial de Caracas.
“Fue una reanimación en conjunto entre el equipo de Alemania, el equipo de Italia y el equipo de Venezuela”, relata Sánchez, destacando la relevancia de la cooperación internacional durante una emergencia de gran magnitud.
De la respuesta inmediata a la reconstrucción
Semanas más tarde, el Dr. Luis Enberg, urgenciólogo del Hospital Clínico UC Christus, presidente de la Federación Latinoamericana de Medicina de Emergencia (FLAME) y past president de SOCHIMU, viajó a Venezuela entre el 14 y el 23 de agosto como integrante de una delegación de académicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile enviada por la Cancillería chilena en coordinación con el Gobierno venezolano.
Su visita coincidió con una etapa distinta de la crisis: la recuperación de la red sanitaria.
“Son hospitales antiguos que han requerido reparaciones. Algunos tuvieron daños estructurales y no están en funcionamiento”, explica.
La situación ha obligado a reorganizar la derivación de pacientes y a trasladar determinadas prestaciones, particularmente las de alta complejidad, desde La Guaira hacia Caracas.
A ello se suma el deterioro o la antigüedad de algunos equipos médicos, entre ellos escáneres y equipos de rayos X, cuya reparación o reemplazo se mantiene como una de las principales prioridades para restablecer plenamente la capacidad asistencial.
Aunque los medicamentos e insumos básicos han estado disponibles gracias al apoyo nacional e internacional, persisten importantes riesgos sanitarios.
Los servicios de urgencia continúan registrando una elevada demanda relacionada principalmente con enfermedades infecciosas, mientras que los albergues enfrentan amenazas asociadas al hacinamiento, la presencia de aguas estancadas y la proliferación de mosquitos. El polvo en suspensión también continúa representando un factor de riesgo para la salud respiratoria de la población.
Para Enberg, esta experiencia demuestra que el rol de la medicina de urgencia trasciende la atención inicial de personas traumatizadas.
“La medicina de urgencia tiene un rol bien relevante en las catástrofes, principalmente porque se producen múltiples víctimas y se requiere hacer una adecuada categorización de los pacientes, y nosotros estamos capacitados para eso”, señala.
Aprendizajes para Chile
Aunque Chile posee una amplia experiencia en la gestión de desastres naturales, ambos especialistas coinciden en que este tipo de experiencias internacionales permiten identificar oportunidades para fortalecer la preparación del sistema sanitario nacional.
Para Sánchez, participar directamente en una emergencia de esta magnitud permite conocer en terreno cómo se organiza una zona de desastre, cómo operan los equipos médicos internacionales y cómo se coordinan los distintos recursos disponibles. Su objetivo es que ese aprendizaje pueda ser incorporado a los equipos de respuesta ante catástrofes existentes en Chile.
Enberg, por su parte, plantea la necesidad de fortalecer los planes hospitalarios de evacuación y manejo de múltiples víctimas, además de desarrollar repositorios de buenas prácticas y protocolos que permitan compartir experiencias entre centros asistenciales de todo el país.
“Es necesario capacitar a más equipos de urgencia y educar a la población sobre cuándo acudir o no a los servicios de salud, evitando su sobresaturación”, advierte.
Desde SOCHIMU destacan que la experiencia de ambos profesionales evidencia la importancia de contar con equipos de medicina de urgencia preparados no solo para responder durante las primeras horas de una catástrofe, sino también para acompañar los procesos de recuperación y contribuir a la reconstrucción de los sistemas sanitarios.
La experiencia venezolana deja una lección que trasciende sus fronteras: una emergencia sanitaria no termina cuando cesan los movimientos del suelo. Cambian los riesgos, cambian las necesidades de la población y también debe transformarse la respuesta de los equipos de salud.
